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miércoles, 30 de abril de 2014

Diagnóstico de la coyuntura económica (I)

En los últimos tres años de gobierno kirchnerista, la economía y sus dificultades han hecho sentir su presencia  con mucha más fuerza que en el trienio anterior (2008-2010), al punto de instalar cierta incertidumbre -claramente magnificada por buena parte de los medios de comunicación y la oposición- con respecto al futuro de la economía argentina y sus consecuencias en los planos político y social.
Es necesario abordar con seriedad el análisis de la situación actual y el de sus causas fundamentales. Esta tarea es llevada adelante de forma continua por diversos institutos. Uno de ellos, muy creíble por su solidez técnica, es CIFRA ligado a la CTA y dirigido por Eduardo Basualdo. Elabora Informes (trimestrales) de Coyuntura. El último -el Nº 15- fue dado a conocer en febrero de este año. En esta primera parte del post presento completa la síntesis que abre dicho informe y en un segundo post trataré de volcar lo que a mi parecer son las conclusiones más relevantes del cuerpo del mismo.
El informe completo es descargable en su versión pdf del sitio web del Centro.

CIFRA - Centro de Investigación y Formación de la República Argentina
Coordinador: Eduardo Basualdo
Equipo de investigación: Mariano Barrera y Pablo Manzanelli
Febrero 2014

Informe de Coyuntura Nº 15 (síntesis)

No hay estancamiento ni mucho menos recesión. El crecimiento se mantiene:

A pesar de la crisis mundial y las convulsiones domésticas en torno al tipo de cambio, la economía argentina recuperó el ritmo de crecimiento económico, impulsado por la expansión del consumo privado, la inversión y el gasto público. En 2013 el producto bruto interno creció casi el 5% y la tasa de desocupación bajó al 6,4% en el último trimestre del año. Las dificultades que registra la economía local no son, por ende, el resultado de problemas de crecimiento económico sino, más bien, del tipo de crecimiento que se expresan en la irrupción de la “restricción externa” (escasez de divisas).

La falta de divisas o "restricción externa": Causas coyunturales y estructurales

Si bien las causas de la “restricción externa” reconocen raíces históricas asociadas a la “estructura productiva desequilibrada” de la economía argentina, entre sus determinantes actuales inciden factores coyunturales y estructurales de ciertas especificidades. En los primeros, de orden coyuntural, subyace la retención de las ventas al exterior por parte -principalmente, aunque no exclusivamente- de productores y exportadores que integran la cadena productiva del agro pampeano (problemas de iliquidez). En los segundos, de carácter estructural, incide el tipo de crecimiento industrial en el marco de la deslocalización de los procesos productivos a nivel mundial y la elevada concentración y extranjerización que registra la economía argentina (problemas de insolvencia). De allí, que algunas de las actividades claves que lideraron el crecimiento manufacturero en los últimos años son las que exhiben el mayor déficit de la balanza comercial argentina como es el caso de la armaduría automotriz y el enclave importador de Tierra del Fuego (a lo que se adiciona el creciente déficit energético), lo que pone de manifiesto las escasas capacidades sustitutivas desarrolladas en esta etapa.

Desde esta perspectiva, la existencia de iliquidez estaría indicando problemas de corto plazo en el sector externo vinculados al comportamiento de los mercados internacionales o la producción interna (que derivaron en la retención de las exportaciones), mientras que la insolvencia estaría señalando la existencia de restricciones estructurales de largo plazo relacionadas a las características de la economía interna (que conllevaron un intenso aumento de las importaciones, además de diversos episodios de fuga de capitales).

Por su parte, las consecuencias de la “restricción externa” se expresan en la balanza de pagos. Las exportaciones crecen menos que las importaciones, reduciéndose el excedente comercial que había jugado un rol central en la provisión de divisas durante la última década. A ello se suma el creciente pago de amortizaciones de capital y de intereses del endeudamiento externo, el saldo deficitario en la cuenta de turismo y -en menor medida, aunque con crecientes habilitaciones en 2013- del giro de utilidades al exterior por parte de las filiales extranjeras a sus casas matrices. En efecto, el flujo de divisas no alcanzó para cubrir su demanda, lo que provocó una aguda contracción del stock de reservas.

Las medidas coyunturales adoptadas y sus limitaciones:

La política económica intentó detener la reducción de reservas mediante diversas restricciones en el mercado cambiario y el control a las importaciones, junto a otras medidas con menor grado de eficacia, como el lanzamiento del CEDIN y el BAADE, la implementación de un seguro de cambio con tasa de interés para los exportadores del complejo agrario, etc. Estas medidas confluyeron con una política de devaluaciones graduales insuficiente, dada la aceleración del proceso inflacionario, para revertir la apreciación del tipo de cambio real.

Bajo esas circunstancias, aumentaron las presiones cambiarias derivadas de la carencia de divisas. Los exportadores paralizaron sus ventas al exterior y los importadores adelantaron sus compras (en ambos casos, endeudándose en el sistema financiero local) en busca de maximizar ganancias futuras, dadas las expectativas creadas en torno a la modificación gradual del tipo de cambio. Además se reactivó una dinámica financiera a partir de diversos mecanismos (“dólar bolsa”, contado con liquidación, etc.) que, si bien no implicó pérdidas de reservas, tendió a incrementar la dimensión del mercado ilegal de cambios. Se trataba de bonos que, comprados en pesos en el mercado local, se liquidaban en el exterior en dólares, y luego retornaban para ser vendidos en el mercado informal, dado que el crecimiento gradual del tipo de cambio le aseguraba una renta extraordinaria.

Se imponían soluciones urgentes que implican posibles costos sociales:

La fuerte devaluación de enero de 2014, junto al alza en las tasas de interés, se inscribe en este escenario y su tarea es doble: unificar el mercado de cambios (de allí también la flexibilización a la compra de dólares para atesoramiento) y revertir la tendencia a la apreciación de tipo de cambio real, para lo cual aletargar la traslación del efecto devaluatorio sobre los precios internos es de indudable trascendencia.

Las perspectivas de la economía argentina para el 2014 son complejas. Sin embargo, dado el actual tipo de cambio, los precios internacionales y la capacidad de almacenaje, es esperable que los exportadores de granos reactiven sus ventas al exterior entre marzo y abril cuando se incorpore la nueva cosecha. Ello otorgará un mayor margen de maniobra, pero no resolverá el problema de fondo. Para ello deben atenderse los aspectos estructurales que tienden a promover un acelerado crecimiento de las importaciones y, por consiguiente, a acentuar la “restricción externa” que atraviesa el país. Además, resulta necesario la implementación de políticas sociales y de ingresos expansivas tendientes a mitigar el impacto recesivo de la devaluación y del alza en la tasa de interés. A la puesta en marcha del Plan Progresar se deberían adicionar incrementos significativos del salario mínimo, la Asignación Universal por Hijo y los haberes jubilatorios.
(continuará)
(los títulos agregados no pertenecen al original)
bastadeodio                                                                    

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